Con motivo del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, el pasado 9 de noviembre, he decidido hacer una selección de seis fotografías actuales que representan lo que es la capital alemana 20 años después.
Nunca más es quizás el lema más marcado en la mentalidad germana tras el periodo nazi y el exterminio de millones de judíos. Los berlineses son conscientes del sufrimiento causado y desde sus calles y sus muros piden que no se vuelvan a repetir este tipo de hechos tan desagradables y trágicos que han afectado a la historia mundial.
¿Qué sería de Alemania sin sus salchichas y su cerveza? Bratwurst o Currywurst generalmente servidas con mostaza y ketchup es el nombre de las salchichas consumidas por muchos de los visitantes a la ciudad y que se pueden adquirir en puestos callejeros situados en cualquier esquina del centro de Berlín. También son típicos los pretzels y el strudel: un pastel de manzana con pasas, nueces y canela que hará las delicias del turista.
Berlín es un hervidero de cultura y modernidad. Un ejemplo son Oranienburger Strasse, en Mitte y Prenzlauer Berg dos de los puntos calientes donde se respira la efervescencia de la vida berlinesa. Destacan en esta zona la gran cantidad de bares, locales de música, tiendas de segunda mano y gente joven en busca de fiesta. Algunos de los visitantes más asiduos son los jóvenes “okupas” que decoran las calles y patios de la ciudad con sus graffitis.
El monumento del Holocausto, compuesto por 2.711 bloques de hormigón, es uno de los lugares más impactantes de la ciudad. Inspirado en un cementerio, estos bloques de diferente altura y construidos sobre un terreno irregular, están dedicados a todas las víctimas del genocidio durante la Segunda Guerra Mundial. Pasear entre sus muros silenciosos inspira tristeza, soledad y mucho respeto.
Uno de los iconos más reconocidos del muro de Berlín -del que quedan en pie 1,3 kms y es conocido como East Side Gallery- es el beso entre Leonidas Brezhnev y Erich Honecker. La obra fue pintada por el artista ruso Dimitri Vrubel que se inspiró en una fotografía tomada en 1979 entre el político germano-oriental y soviético el día del trigésimo aniversario de la RDA.
Las colas para visitar el Reichstag, el parlamento alemán, son enormes, pero esperar para ver la enorme bóveda de cristal diseñada por Norman Foster merece la pena. Desde el interior del edificio, que data de 1894, se puede acceder a un mirador al aire libre a través de una futurista rampa en espiral rodeada por espejos. Desde el mirador, el visitante puede gozar de una de las mejores vistas de la ciudad.










