Tirando Ando












Bajo el nombre de  PELP! se esconde un movimiento espontáneo de ciudadanos que se ha puesto en marcha en poco más de cinco meses, y que reúne a miles de vecinos, turistas, visitantes y admiradores de la playa gaditana unidos por una causa única: el amor por El Palmar y su deseo de que no se construya una urbanización y un complejo hotelero en su sus playas. El Palmar es una de las pocas playas vírgenes que quedan en la costa gaditana y miles personas que disfrutan cada año de estas costas se oponen a la construcción de un complejo hotelero para 1600 plazas y un campo de golf en la zona y que ha sido ya aprobado en el Ayuntamiento de Vejer y que ocupará 270.000 metros cuadrados.

Por esta razón, portavoces de la plataforma condenan el intento de convertir la zona en un “complejo turístico, con resorts hoteleros o zonas de campos de golf” y piden que se mantenga la playa como “una obra de arte de la propia naturaleza que no ha sucumbido a ese modelo caduco de turismo que ya ha sepultado bajo cemento y ladrillo al al 90% de nuestras playas”, ya que es uno de los pocas zonas costeras naturales de Andalucía en la que todavía es posible disfrutar de la playa al natural, rodeada de vegetación. 


Este paraíso natural sin explotar, es la base de un turismo diferente: un turismo rural y ecológico, basado en los pequeños establecimientos locales, en negocios familiares y sobre todo, en el deporte. Por esta razón, todos los afiliados a la plataforma demandan que se puedan llevar a cabo actividades deportivas en bici, senderismo y deportes acuáticos propios de la zona, y rechazan la construcción de un campo de golf y la destrucción de las zonas verdes colindantes.

La base de esta protesta se encuentra también en el hecho de que se pretende que se diversifiquen las riquezas de la zona, apoyando el espíritu emprendedor de los vecinos en vez de concentrarla en manos de una multinacional o de un promotor.

Pero la protesta vecinal no ha sido sólo territorial, sino que ha tenido mucho más eco a través de las redes sociales como Facebook. En ella se han creado dos páginas de apoyo: Plataforma Ciudadana Contra El Macroproyecto Hotelero En El Palmar y  Salvar El Palmar, con las que ya han conseguido el apoyo de más de 52.000 personas. Además, para conseguir dinero para la campaña desde la misma web www.salvarelpalmar.es se venden camisetas para que también se haga eco de la causa un mayor número de personas, se organizan conciertos benéficos, etc. Desde esta web, que cuenta con el apoyo de Greenpeace y Ecologistas en Acción, entre otros, también se lleva a cabo una recogida de firmas digital en la que se convoca a “todos los superhéroes del planeta  para combatir a los villanos del ladrillo”.
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{31 August, 2009}   El socorrista de la Caleta

UNA NOTICIA DEL MUNDO-EDICIÓN CÁDIZ…Es que cosas como éstas solo pueden pasar en La Caleta.

Lorenzo Martos

Sancionado un socorrista de Cádiz que aderezaba con humor los avisos en la playa

  • ‘Termina el día de playa, vuelva mañana, no se vaya a Cancún’, despedía a las 9
  • Protección Civil se alarmó porque pudieran frivolizarse los mensajes
  • La concesionaria no ha sancionado al empleado, pero lo ha reconvenido
  • Juan ‘El Ardentía’ se gana un sueldo para terminar los estudios de Magisterio

Con la risa, la gracia y el buen humor, la ciudad de Cádiz ha elaborado su propio «hecho diferencial» del que no se ha apropiado ningún partido político y sí las descripciones apresuradas hechas para el turista: ‘Cádiz, la ciudad que sonríe’.
Eso es lo que dice la publicidad institucional. Sin embargo, las sonrisas se han esfumado de la playa de la Caleta desde el momento en el que la empresa Arasti Barca ha enviado a la torre de vigilancia a su empleado Juan Antonio García, Juan ‘El Ardentía’, arrebatándole el micrófono que está conectado a los altavoces repartidos por la más pequeña y familiar de las playas gaditanas.
Hasta ese momento, a las seis y a las nueve de la tarde se oían cosas como «termina el día de playa, vuelva mañana, no se vaya a Cancún», o «quedan prohibidos los juegos de pelota, cómprense un parchís».
Las gracietas de Juan dejaron de ser el secreto compartido a voces con ‘los caleteros’ el día en el que un medio de comunicación pensó que tenían que ser conocidas más allá de la Viña y el Parador. A Protección Civil, entidad dependiente del ayuntamiento no le hicieron gracia.

En particular un chascarrillo que decía: «Estimados usuarios, tengan cuidado en el baño porque viene una plaga de medusas con ‘mu’ malas ideas». Sin perjuicio de que fuera cierto ya que el Levante las acerca a la costa en Protección Civil pensaron que el ‘speaker’, que tiene antecedentes chirigoteros rastreables en la red, podía provocar con su chispa confusiones en los bañistas.
Avisados de lo que estaba ocurriendo, la dirección de la empresa que se ha adjudicado tanto el servicio de socorrista como el uso de los altavoces envió de nuevo a Juan a la torre «sin amonestación ni sanción».
La empresa Arasti Barca tiene su sede social en Burgos: «No entendemos tanto interés por el tema», asegura un portavoz de la empresa. Y para evitar que Juan sea transformado en el ‘pobre’ Juan añade: «Después de que una persona se reuniera con el Consistorio, se ha hablado con él y seguirá trabajando». Su relevo, eso sí, tiene la orden de dar la hora sin ‘literatura’ propia. Es decir sin anunciar que «son las seis de la tarde, la hora del cafelito».

Estudiante de Magisterio
El joven protagonista de la polémica guarda silencio y prefiere pasar de puntillas sobre el asunto. Con este trabajo veraniego se paga los estudios de Magisterio en la especialidad de Educación Física. Aparte de las chanzas al micrófono, este verano ha participado en cuatro rescates de bañistas.
Pero Juan tenía su público. Incluso aseguran que se hacía el silencio y se oía la llegada de las olas del mar a las horas de su ‘mini show’. «Quizá el revuelo que se ha formado sea demasiado grande, no creo que tenga mucho sentido porque aunque ellos están allí para su misión y para decir la hora, también hay que tener en cuenta el tipo de playa que es» dice Antonia, una de sus usuarias evocando al tipismo del lugar: la playa más recoleta y familiar de Cádiz junto a los barrios populares del casco histórico, centro de la gracia carnavalera.
«Hay que reírse un poquito todos los días, no se llega a ningún lugar con tanta seriedad», dicen en otro punto de la playa. Hay quien propone una recogida de firmas. Pero quizá el final del verano y la marea se lleven estas muestras de solidaridad.

El peculiar ‘manual de estilo’ de Juan «no es motivo ni para sancionar ni para abrir expediente al trabajador» afirma el equipo de gobierno del ayuntamiento. Es más, califica como «un asunto completamente inocente» y un hecho «simpático» lo ocurrido.
Eso sí, recuerda que Protección Civil ha previsto un riesgo evidente: la confusión del bañista porque el sentido del humor no es tan universal como muchos desearíamos. «Protección Civil, cumpliendo con su obligación y teniendo en cuenta sus normas de funcionamiento y su protocolo de actuación avisó a la empresa de que se podía confundir e inducir a error al ciudadano a la hora de trasladar los avisos importantes y de seguridad por la megafonía».
Desde ahora, las medusas dejan de tener muy malas ideas y ya están advertidos.



{28 April, 2009}   Un vasco en Cádiz

Me han mandado esto por internet.
Me he jartao de reir.

UN DETECTIVE VASCO EN CÁDIZ

Me llamo Mikel Gorriarán, llevo 15 días en Cádiz y me estoy, o me están volviendo loco.

Os contaré mi historia. Soy investigador privado y me he venido a Cádiz a resolver un caso simple, pero la verdad es que a cada día que pasa se vuelve más complicado. Tan sólo se trataba de descubrir al amante de la mujer de un alto mandatario vasco; comprenderán ustedes por tanto que no dé su nombre, además porque me debo al secreto profesional.

En principio no tenía muchas pistas. Sólo sabía que el hombre en cuestión era de Cádiz, se llamaba Manuel Ramírez, que trabajaba en el Puerto de Cádiz y que le conocían con el alias de picha. Así que el individuo en cuestión debía estar bien dotado, ya que además de amante de la mujer del político, eran conocidas sus correrías por el Puerto de Bilbao. También usaba otro sobrenombre: ‘quillo’.

Con estas pistas, tomé el avión hasta Madrid y de allí enlacé con el tren hasta Cádiz. Llegué a la estación, cogí un taxi y mientras iba camino del hotel, intenté entablar conversación con el taxista. La cosa quedó en eso, en el intento. Porque que yo sepa una conversación es entre dos o más personas, pero el taxista no me daba opción ya que hablaba por los codos, y de modo ininteligible. Lo hacía de forma sumamente apresurada y las pocas palabra que podía cazar al vuelo estaban incompletas. Quise preguntar por el puerto, pero sabiendo que su respuesta no la entendería, lo dejé para mejor ocasión.

Llegué al hotel ‘Playa Victoria’, y como mi interés era buscar al tal Manuel Ramírez, en principio consulté la guía telefónica de la ciudad; pero como presumía, aquí había demasiados Ramírez. En mi tierra hubiera sido muy fácil. Así que opté por buscar pistas en su lugar de trabajo.

Salí a la calle y pregunté por el puerto. Un señor muy amable me dijo que lo mejor era coger el autobús de los Comes, pero que para eso tenía que ir a Cádiz.

Aquello me desconcertó. ¿Dónde estaba yo?. Empecé a atar cabos. Efectivamente cuando llegué a la terminal de la estación no ponía Cádiz, sino Cortadura. Y además recuerdo que en el trayecto di unas cabezadas, y claro en ese intervalo pudo haber algún enlace, o algo, no sé. Lo cierto es que yo no me encontraba en Cádiz. Pero no debía estar muy lejos.

Paré un taxi y con gesto decidido le dije al taxista que me llevara a Cádiz. El me contestó ¿A Cádiz adónde?. Y le contesté algo enfadado que a Cádiz, joder, a Cádiz, de una puta vez quiero llegar a Cádiz.

Ya luego el taxista con mucha paciencia y muy despacito me explicó que donde yo estaba era Cádiz, pero no era Cádiz. A ver si lo explico bien. Resulta que la gente aquí le llaman Cádiz a la parte antigua y desde unas murallas para adelante le llaman Puerta Tierra. Así es que en realidad yo estaba en Cádiz, pero en Puerta Tierra. No sé si lo expliqué bien, pero yo ya lo he entendido.

Llegué por fin a la estación de autobuses de Comes, pedí un billete para el puerto y me subí al autobús correspondiente. El trayecto fue relativamente corto, si acaso 30 minutos; pero la verdad es que yo creía que Cádiz era más pequeño. Sin duda me habían informado mal. Y además mi trabajo aquí se complicaba, puesto que habría que buscar en una ciudad más grande de lo que pensaba.

Pero mis sorpresas no habían acabado. Llegado a la estación terminal pregunté por el puerto. Mi interlocutor me miró con mal genio y me dijo que esto era El Puerto. Yo no entendía nada. Ese hombre enfadado y yo no veía barcos por ningún sitio. La verdad es que el hombre tuvo más paciencia que el santo Job. Me fue explicando poco a poco que aquello era El Puerto de Santa María, pero que por todo el mundo (todo el mundo menos yo) era conocido como El Puerto. Y además me dijo que eso no era Cádiz, que Cádiz estaba allí enfrente, que El Puerto era un pueblo de Cádiz y que si lo que quería era ir al puerto de Cádiz que cogiera el vaporcito y me dejaría allí mismo.

Total, antes lo de Cádiz, que no era Cádiz que era Puertatierra y ahora que El Puerto es un pueblo de Cádiz y, entonces digo yo ¿cómo le llaman al puerto, al de los barcos, al puerto de siempre?

Subí por fin al que llaman el vaporcito de El Puerto, que para que lo sepan ustedes, no es un barco de vapor. No, porque aquí en Cádiz o donde coño esté ahora, no le llaman a las cosas por su nombre. Sí, le llaman vaporcito, pero en realidad es un barco que va a gasoil. Y llegué por fin al puerto de Cádiz, que aquí le llaman ‘el muelle’. Una gracia que me ha costado una gran pérdida de tiempo y dinero, que además no sé cómo justificar ante mi cliente, porque me temo que no me va a creer, y tampoco quiero darle muchas explicaciones porque seguro que voy a ser objeto de burlas.

Bien, obviaré todos estos inconvenientes y pasaré a la acción. De siempre las mejores informaciones se consiguen en los bares, así que me acerqué al bar más próximo al puerto (perdón ‘al muelle’), uno que se llama ‘Lucero’ y pedí un tubo (de cerveza, se entiende), pero el camarero no lo entendió.

Yo más o menos le expliqué lo que quería y él con aire de suficiencia me dijo: ‘Ah, usted lo que quiere es un bó’. Joder, no sabía yo que también tenían un idioma particular los gaditanos.

Me acomodé en la barra del bar y puse la oreja atenta a lo que allí se cocía. Me acerqué la cerveza a los labios, tomé un trago largo y de pronto escuché la palabra mágica: ‘Picha’.

¡Dios!, por fin la suerte me vino de cara. Casi no podía creérmelo. Me atoré con la cerveza, me puse perdido, pero merecía la pena. Había encontrado a la persona que estaba buscando. ¡Bendita suerte la mía!.

Con disimulo me acerqué a los dos hombres que charlaban de un tema que no comprendía, pero tenía que ver con la música y con los coros. Y con un jurado, que por lo visto no tenía ni idea. Gente, sin duda muy creyente.

Aunque mal hablada eso sí, se escapaban de vez en cuando, demasiado de cuando en cuando, palabras mal sonantes, que no creo que deban reproducirse aquí. Pero, a mi lo que me interesaba era que uno de ellos fuera ‘el picha’. Y para asegurarme que esa era el tipo que buscaba, pedí otro bó y pegué la oreja a la conversación.

Efectivamente, a lo largo de la conversación, uno de ellos: un tipo bajito (1,65 no más), moreno, 40 años, delgado, que no tenía ni media bofetada, era llamado constantemente ‘picha’ por su compañero de conversación.

Jo, pensé, Dios le da pañuelos a quien no tiene nariz. No sé si lo captan ustedes. Porque aquél tipo se estaba trajinando a la mujer de mi cliente. Y aunque esté mal decirlo, porque soy un profesional, es una hembra de bandera. No me extraña que a ese tipo le llamaran ‘el picha’, porque sin duda era lo único bueno que tendría.

Bueno, bueno, que me desvío de la trama. Había dado con el individuo, eso era lo importante. Esperé tranquilamente a que acabaran la conversación y seguí al ‘picha’ con la idea de abordarlo solo y sin testigos. Y ocurrió un caso hasta ahora inédito en mi dilatada carrera. Se encontró con un amigo suyo y al saludarlo le dijo ¿qué pasa PICHA?. Y el otro le contestó: muy bien PICHA., ¿y tú?

Sí, efectivamente, había dos individuos con el mismo alias. Y a decir verdad, este segundo tipo tenía mejor planta de amante que el escuchimizado de antes. Pero en esto de la investigación nunca se puede descartar a ningún sospechoso. Lo malo de todo esto es que ahora tendría que doblar mis esfuerzos y hacer seguimientos alternativos, para comprobar cuál de ellos era el verdadero amante.

Opto en principio por seguir a este último ya que lo veo con mejor planta., pero sin descartar, como buen profesional que soy, al tipo escuchimizado. El individuo toma un autobús y entabla conversación con un conocido suyo al que llama ‘quillo’. ¿Dios!, esto se complica a cada paso.

Ahora tengo a dos ‘pichas’ y a un ‘quillo’. Mi instinto de detective me dice que estoy siguiendo una pista falsa. Empezaré de nuevo, así que vuelvo al bar del ‘muelle’ y le pregunto al camarero que si conoce al tal Manuel Ramírez que trabaja en el puerto. Me dice que con esos datos no le suena y que además El Puerto le queda algo lejos. Caigo entonces en la cuenta y rectifico diciéndole que donde trabaja es en el ‘muelle’.

No cae.

Le digo entonces que le conocen con el apodo de ‘picha’ y también con el de ‘quillo’. El tipo del bar se carcajea en mi cara. Y me aclara que aquí todo el mundo es ‘picha’ y ‘quillo’. La poli, sin duda, aquí lo tiene complicado.

Te estás luciendo Mikel, me digo para mí. Otra cagada. No obstante el camarero me dice que pregunte por ‘Paco el bigote’ que en el muelle es el que contrata a los estibadores. Después de darle todos los datos de que disponía sobre el tal Manuel Ramírez, que según tenía entendido trabajaba en el muelle y que durante seis meses trabajó en el Puerto de Bilbao (lo de los apodos lo omití, porque con el cachondeo del camarero ya tuve bastante) aquél me contestó de mala gana, que ya no trabajaba allí. Que según tenía entendido ahora trabajaba en la Residencia. Yo le pregunté que ¿en cuál residencia?. El contestó, con menos ganas que antes, qué en cuál iba a ser, joé, pues en ‘la Residencia.’

Era ya tarde, y como la verdad había conseguido bastante información, volví al hotel, a comer. Lo de la residencia lo dejaría para la tarde.

Pensé que era buena idea tomar un pescado para el almuerzo, que aquí lo habría de haber bueno con tanta costa. Así que le pregunté al camarero que si tenía pescado. El me contestó que tenía ‘zapatillas mu fresquitas’. A mí sinceramente me importaba un pimiento lo que se calzaba el fulano. Yo lo que quería era comer, y además no sé a qué venía aquello de las zapatillas. El tipo me estaba vacilando o tendría a medias una zapatería con algún cuñado y me hacía la propaganda. Obvié el comentario e insistí en lo del pescado, pero el camarero volvió con lo de las zapatillas fresquitas. Puse mala cara y el camarero debió notarlo, ya que inmediatamente me aclaró que así le llaman aquí a las doradas.

Gente rara esta de Cádiz!. No hay Dios que los entienda con lo que corren hablando, las palabras que las pronuncian a medias y para colmo le cambian el nombre a las cosas. Luego dicen que el euskera es difícil. No, euskera fácil, gaditano difícil.

Después de una buena siesta reparadora, volví a la faena. Tendría que averiguar a qué residencia en cuestión se refería ‘Paco el bigote’.

Deduje sin duda de que tenía que ser muy conocida, por la forma en que el susodicho me dijo:’cuál va a ser, joé, pues la residencia’. Perspicaz que es uno.

En la misma recepción del hotel me dieron la información que necesitaba.

La Residencia estaba a cien metros del hotel. Un paseo siempre vendría bien, pero llevaba cierto tiempo andando y no encontré ninguna residencia.

Pregunté a un transeúnte y me contestó que la había pasado, que estaba a dos bocacalles. Así que volví sobre mis pasos, pero yo no encontré ninguna Residencia. Volvía a preguntar, ¿Por favor, la Residencia? Pues eso que tiene usted delante. Pero… ¡eso es UN HOSPITAL! Aquí le decimos La Residencia, me contestó la señora y se quedó tan pancha y de camino me echó una mirada como diciendo, pareces tonto.

Bien, a partir de ahora no volveré a caer en estas artimañas. Porque para mí estaba claro que había algún tipo de complot, y entre todos los gaditanos intentaban marearme con nombres equivocados a cosa que sólo pueden tener un nombre.

Investigué en el hospital y saqué un dato importantísimo. Allí trabajaba desde hacía dos meses un tal Manuel Ramírez que estuvo cierto tiempo en Bilbao, según todo ello me confirmó un celador de la Residencia. No pudo decirme su dirección concreta, aunque me dijo que vivía por la Plaza de Toros.

Iba, a pesar de la cantidad de datos ‘incorrectos’, cercando al sospechoso. Dar con la Plaza de Toros sería tarea simple.

Eso pensé, pera hasta el día de hoy (y llevo quince días aquí) no he conseguido dar con ella. Y tiene que estar ahí, porque una Plaza de Toros es una Plaza de Toros, y a eso no le pueden cambiar el nombre. Y además a todo el que le pregunto me dice que ‘dos calles más pallá’ o una ‘mijita más palante’. Luego eso confirma mi teoría: hay una Plaza de Toros.

Todos me hablan de ella, pero yo no la encuentro. Me estoy, o me están volviendo loco.


Definitivamente dejo el caso. Y como dicen los de aquí, al carajo.




{9 December, 2007}   Emociones

El fin de semana ha terminado como se preveía : lleno de alegrias, llantos,emociones y comida…mucha comida! Hemos tenido para tod@s .Sensaciones de todo tipo. Han sido uno de esos días en los que una consigue olvidarse de todo y vivir al 100% , porque sabes que nunca más se volverá a repetir. Guardo en mi cámara y en mi retina imágenes que no olvidaré, como la entrar en una habitación verde en penumbra y ver a Pili dándole el pecho a su pequeño y casi recien nacido Mario o las sonrisas de Eva y Darío .Habrá momentos parecidos, pero nunca iguales y quisiera que mi cabeza fuese un disco duro y cada segundo del puente se quedase ahí guardado hasta la eternidad… La vuelta a Sevilla y a la rutina no ha sido tan triste como pensé en un principio.He encontrado compañía interesante nada sentarme delante del ordenador. Entre mis recuerdos me acuerdo también de Salu, que ha pasado junto a mí la otra mitad del puente y de los amigos viajeros que deben de estar llegando a sus hogares tras sus viajes al extranjero!



{7 December, 2007}   Cádiz

En los últimos años desde que ya no vivo en Cádiz , cada vez que voy por una razón u otra acabo llorando. La mayoría de la veces es porque me acuerdo de mis buenos años de estudiante, de lo que viví y aprendí en esta ciudad, de lo que fuí y ya no soy. Asi , puedo decir que mi llanto muchas veces es pura melancolía;otras veces lloro de alegría… pero siempre, siempre,siempre se me acaba derramamdo más de una lágrima. Hoy vuelvo al Cádiz de mis amores, Tacita de Plata que tanta felicidad me trajo. Os espero con una sonrisa en cualquier rincón con olor a salitre…con la gente que más quiero!


et cetera